Hoy se cumple un año desde que las fuerzas de Bashar al Asad retomaran el control definitivo de la ciudad siria de Alepo, la última de las grandes urbes de Siria que aún quedaban aún en manos no gubernamentales. Eso ponía fin a cuatro años y medio de guerra en la ciudad.

Aprovechando esta fecha, me gustaría compartir algunas reflexiones sobre lo que pude presenciar en Alepo hace ya cinco años –estuve entre noviembre y diciembre de 2012–, en la parte de la ciudad que en ese momento estaba controlada por los “rebeldes” –no podía cruzar a la otra por haber entrado al país ilegalmente a través de Turquía–. No voy a hablar de datos o números ni de culpas o predicciones, sino de, simplemente, cavilaciones personales sobre lo que vi, y sobre la guerra en general.

Edificio destruido por bombardeos en el barrio de Ansari, en Alepo.

En ese momento la ciudad ya estaba bastante destruida, y no había electricidad. De noche, era todo absolutamente negro. Gritos y bombas se escuchaban en la oscuridad. Las pocas luces que se veían pertenecían los pocos comercios que podían permitirse un generador. Algún barrio aún se conservaba más o menos bien, como Sukkari o la Ciudadela, donde la mayoría de los edificios se conservaban en pié y había vida en las calles. En otras zonas, sin embargo, donde los combates eran o habían sido más intensos, como Bustan al-Basha y especialmente Karm al-Jabal, ya eran una autentica ruina y prácticamente no vivía nadie. Después de 4 años de guerra, el paisaje debió quedar mucho más desolador.

Un combatiente del Ejercito Libre Sirio en el barrio de al-Amriya de Alepo.

Se suele decir que los civiles son las principales víctimas de la guerra, y esto, aunque cliché, es absolutamente verdad. Lo son porque, estén o no interesados en la política o los motivos de la guerra, estén a favor o en contra de un determinado bando o de otro, profesen la religión que profesen, si es que son creyentes: Mueren. O mueren familiares y amigos suyos. O quedan amputados. Pasan hambre. Da igual lo que ellos piensen del conflicto que están viviendo. Simplemente están allí. En el medio de todo. En medio de la carnicería. Además, al ser simples civiles, carecen del apoyo económico o logístico que puedes poseer si eres miembro algún grupo armado que te ayuda y protege –además de poseer armas–.

Un niño llora la muerte de su madre delante del hospital Dar al-Shifa’.

Muchísimas personas, hambrientas, hacían largas colas para poder comprar pan a un precio mucho más a alto que antes de la guerra. En cambio, si pertenecías a una ‘katiba’ (grupo de combatientes) simplemente, entrabas. ¿Quién te iba a decir que no? Imagino que este es uno de los motivos por los que la gente se alista a luchar –dejando aparte la ideología–, porque, sencillamente, y aunque parezca raro, puede ser que vivas mejor. Hablando de ideología, da igual la que tengas. Puedes estar a favor de Bashar al Asad y que uno se sus francotiradores te mate. Puedes ser un activista que apoye el cambio de gobierno y que un mortero rebelde acabe contigo. O quizá estás a favor del grupo Estado Islámico pero uno de sus coches bombas te destroza la vida. No hay ninguna lógica en la guerra, ningún sentido en la muerte. Es pura aleatoriedad. Sencillamente, estar en el sitio equivocado en el momento justo. Da igual todo lo demás. Estás, y en un momento ya no estás.

Las larguísimas colas -a veces de más de un día entero- para comprar pan eran una escena habitual en Alepo.

Hay que constatar, sin embargo, la increíble adaptación que tiene el ser humano a la miseria y al miedo: Te acostumbras. Al sonido de las bombas, a mirar al cielo para ver por donde pasa ese avión, al golpeteo de las ametralladoras, al estallido de las explosiones. La gente, a pesar de todo esto, seguía haciendo, o intentando hacer su vida. De hecho, no tenían otra opción. ¿Qué iban a hacer, quedarse en casa encerrados? Claro, en algunos momentos puntuales lo hacían, pero eso tampoco les iba a salvar. A pesar de la guerra, seguían saliendo a la calle, comprando o vendiendo, haciendo su trabajo, casándose… La guerra machaca a la gente, pero no paraliza la vida social. Esta sigue y, como decía, debes seguir haciendo tus quehaceres para sobrevivir y, simplemente, te acostumbras a vivir en este horror y con la incertidumbre de la muerte al acecho.

Vista del mercado del barrio de al-Shaar, con un edificio dañado por artillería de fondo.

En los medios de comunicación, sea por falta de espacio, de tiempo, o quizá por ambas cosas, se suele utilizar un discurso sencillo y simplista, utilizando términos con valores en los cuales nos sentimos identificados. Esto pasó en la mayoría de las cobertura de lo que se llamó “Primavera Árabe”, incluyendo Siria. A grandes rasgos, se hablaba del despertar de los pueblos árabes al enfrentarse a sus respectivos dictadores para así poder disfrutar, por fin, de democracia y libertad. Ambos términos, no es que sean malos, ni tampoco es que no hubiera nada de eso en las protestas, que lo había. Pero enmascarar la enorme complexidad –religiosa, política y económica y de diferentes grupos que luchaban allí por intereses dispares– de lo que ocurría en Siria bajo sencilla y fácilmente digestible explicación del pueblo, unido y ahora armado –como si de un ente homogéneo se tratara–, contra el opresor, una historia de buenos y malos, es faltar a la verdad, a los protagonistas de la contienda, y a los lectores.

La mayoría de calles de la parte de la ciudad “rebelde” presentaban una imagen desastrosa. Aparte de por los bombardeos evidentemente, también porque el servicio de recogida de basuras hacía tiempo que había colapsado.

Lamentablemente, yo también contribuí a eso. La “actualidad” a veces no coincide con la realidad de los hechos que realmente están sucediendo allí. Una foto mía, por ejemplo, de una manifestación a favor de un estado islámico –no de EL grupo Estado Islámico que se hizo famoso poco después, sino de tener UN estado islámico– con presencia de combatientes del Frente al-Nusra, el cual fue declarado ese mismo diciembre como grupo terrorista por los EEUU por sus conexiones con Al-Qaeda, fue publicada en varios periódicos como una protesta contra el uso de armas químicas por parte de Bashar al Asad. Básicamente, porque esa era la noticia candente en los medios internacionales esa semana, con declaraciones a tres bandas entre al Asad, Putin y Obama y con amenazas de este último al presidente sirio si las seguía utilizando.

Fotos de esta manifestación a favor de un estado islámico al-Asad fueron utilizadas diciendo que la protesta era por el uso de armas químicas por parte de Bashar al-Asad.

A pesar de que la ciudad estaba ya repleta de combatientes “islámicos” provenientes de otros países y cuyas milicias habían ido tomando poco a poco el control de la ciudad, se seguía, en la mayoría de medios –con excepciones claro–, hablando del Ejército Libre Sirio como un ‘pack’ indiferenciado que quería librarse de un tiránico dictador e instaurar una democracia. Repito: Algo de esto había, claro está, pero también había otros muchos grupos, respaldados por la gente, con una agenda diferente, como se fue viendo poco a poco.

Un hombre recoge colchones de entre edificios destruidos y abandonados en el barrio de Karm al-Jabal.

Hablaba más arriba de la sencillez de hablar de buenos y malos. Pues bien, evidentemente que presencié el espeluznante resultado de bombardeos gubernamentales hacia la población civil, así como, meses y años después en otros países siguiendo el éxodo sirio, he entrevistado a personas fueron encarceladas por al Asad y que me han contado y mostrado sus marcas de tortura. Pero también vi a supuestos combatientes por la libertad aprovechándose de su posición de poder en la ciudad, torturando a presuntos combatientes de el Asad o espías, o disparando morteros también supuestamente contra posiciones enemigas.

Un combatiente rebelde amenaza y humilla a un presunto espía del gobierno.

Supuestamente porque, como se dice en árabe, el mortero es una arma de “fuego de artillería aleatorio” (Qasf ‘ashúá’iyy). O sea, que solo Dios sabe donde va a aterrizar. Como vengo repitiendo: los civiles que quedan atrapados en ella, son los que más sufren en una guerra…

Texto y fotos de P.R. Ortuño
Twitter: @PR_Ortuno
Instagram: @laventanainquieta

 

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