La (no) declaración de independencia

Oct 11, 2017 | Cataluña, DUI, España, Fotografía, Independencia, Reportaje

Texto y fotos por P.R. Ortuño.

Pro independentistas esperan en Barcelona la comparecencia del Presidente catalán Carles Puigdemont para ver si declara la independencia de Catalunya.

Para definir el día con una palabra, ésta sería “expectación”. Nadie sabía exactamente qué iba a pasar o las consecuencias del mismo. El Presidente catalán Carles Puigdemont había convocado una sesión en el Parlamento catalán para “hablar sobre la situación política actual”, pero a nadie se le escapaba que podía declarar la independencia.

Con esta orden del día tan imprecisa se había querido evitar que la enésima actuación del Tribunal Constitucional impidiera la celebración del pleno, si este hubiera sido convocado para algo así como “el análisis de los resultados del referéndum del 1 de Octubre –suspendido por el TC y declarado “ilegal” por la mayoría de partidos estatales– y declarar la independencia”. Pero esto era lo que se deseaba o temía –según la opinión de cada uno– que hiciera Puigdemont.

El parque de la Ciutadella donde se encuentra el Parlament permanecía inaccesible para todos excepto periodistas. Vallas y Mossos d’Esquadra –la policía catalana– acordonaban el recinto. Uno de los objetivos de esta operación era asegurar la fácil entrada y salida de los diputados y de los diferentes operarios. La otra, que las manifestaciones previstas en los alrededores no afectaran en ningún caso al desarrollo del pleno.

A las puertas del Parlament varias decenas de televisiones ya esperaban desde el mediodía para grabar la escena del Presidente catalán entrando al hemiciclo y la posterior sesión. Unas horas después, fuentes del Parlament informaron que se habían tramitado casi 1.000 acreditaciones, de las cuales más de 300 correspondían de medios internacionales, un número inaudito hasta entonces. Como he dicho, había expectación.

“¿Como se presenta el día?”, le pregunto a un Mosso que guardaba el edificio. “No lo sé, ni idea de lo que puede pasar…”, me contesta. “¿Pero habrá declaración (de independencia)? ¿Habrá detenidos?, le insisto. “Puede pasar de todo, la verdad. Yo no sé nada, estamos todos igual”. Entre los periodistas que allí permanecían la idea era la misma, que podía pasar cualquier cosa. De hecho éste era uno de los motivos de tanta expectación: nadie sabía qué iba a decir, hacer, declarar, el Presidente catalán.

Una señora con la bandera independentista catalana -la estelada- en el Passeig Lluís Companys de Barcelona.

Lo mismo pasaba entre las personas que esperaban en el Passeig Lluís Companys, que une Arc de Triomf con la Ciutadella, en donde se habían convocado a los partidarios de la independencia para seguir la jornada y “para dar apoyo a los parlamentarios”, afirma Benjamí, que ha venido des del Maresme con una docena de campesinos más. Todos con sus tractores. “(Los tractores) servirían para bloquear el acceso al Parlament si la Policía Nacional quisiera intervenir”. Le pido que me explique más, y asegura que “se han escuchado muchos rumores, que si la policía (española) querría impedir la celebración del pleno, que si querrían detener a los parlamentarios… ha habido un poco de paranoia”, admite, añadiendo que: “nosotros (los campesinos) antes del 20 de Septiembre no estábamos movilizados”.

Ese día hubo varios registros en sedes de la Generalitat de Catalunya, empresas y organismos públicos por parte de la Guardia Civil, en los cuales se buscaba material relacionado con la preparación de la consulta. También se detuvo a 14 altos cargos de la Generalitat por el mismo motivo: su supuesta implicación en el Referéndum. Ese día las calles de Barcelona se llenaron de miles de manifestantes.

Una señora con la bandera española republicana en el Passeig Lluís Companys de Barcelona.

En el Passeig Lluís Companys, un señor ya entrado en años responde a las preguntas de una televisión española: “¿Que qué está pasando? Pues que se va a declarar la independencia! Porqué el gobierno español es insufrible… Tenemos un estado insufrible, pero todos eh, nosotros y vosotros también… cuando os deis cuenta querréis iros vosotros también”. Cerca de allí, en el mismo paseo, la Assamblea Nacional de Catalunya (ANC) había colocado dos pantallas de televisión para ver en directo la sesión del Parlament. En estos momentos, sin embargo, se retransmitía en directo el debate sobre Cataluña en el comité de las regiones. El representante de Murcia recibe sonoros pitidos después de declarar por la unidad de España al grito de “Viva España y viva el Rey!”. En cambio, la representante del País Vasco recibe aplausos, aunque probablemente pocas personas están entendiendo lo que dice, ya que lo hace en euskera.

Partidarios a la independencia de Cataluña esperan la comparecencia del Presidente catalán Carles Puigdemont en el Passeig Lluís Companys de Barcelona.
Una mujer muestra una papeleta utilizada en el referéndum con el ‘sí’ marcado en la manifestación del Passeig Lluís Companys a la espera de la comparecencia del Presidente de Cataluña.

“Yo creo que declarará la independencia, ni retorica ni nada. Independencia sí o sí”, afirma David, de 39 años, que también se ha acercado desde Sabadell para seguir los acontecimientos desde aquí. “¿Es lo que crees o es lo que quieres?”, le pregunto. “Las dos cosas”, responde, “con el Estado ya no puede haber dialogo posible, yo lo veo cerrado”. En estos momentos aparece en las pantallas la repetición de las declaraciones del mismo día de Donald Tusk, Presidente del Consejo Europeo, en que pedía al Presidente catalán que no hiciera “nada irreversible”. Los silbidos vuelven a aparecer, más algún grito de “fascista!” y “ponte al lado del pueblo!”.

Una chica sujeta una rosa a la espera de la comparecencia del President catalán Carles Puigdemont en el Passeig Lluís Companys en Barcelona.

Queda menos de una hora para que aparezca en el hemiciclo Carles Puigdemont, y la calle se han llenado prácticamente del todo. Me acerco a una señora que se define como “catalana y charnega!” (catalana hija de emigrantes de otras partes de España). Se llama Manuela y tiene 44 años. Me dice prefiere hablarme en castellano, ya que aunque entiende el catalán y tal, no lo habla nada bien. “Quiero la independencia porque quiero librarme de un estado represor”, afirma. “Claro que me da un poco de miedo, pero no es momento de tener miedo. El Estado que hay ahora ya lo conocemos, en cambio, no sabemos cómo sería un estado independiente catalán. Si no lo probamos, nunca lo sabremos. Éste es el momento”.

Sin embargo, no todos los asistentes están de acuerdo con estas afirmaciones: “¡A nadie le importa lo que pasa aquí!” grita en inglés un hombre cuando en televisión los periodistas destacan el interés internacional que Cataluña ha suscitado en el día de hoy. Se llama Simon, tiene 45 años, es de Londres, trabaja de traductor y “desafortunadamente, vivo aquí”, dice. “Toda la gente que está aquí, es racista. En todo movimiento nacionalista hay una parte de racismo. Son supremacistas, se creen mejores que los españoles”, asegura enfadado, y continúa ¿”Qué se tiene que negociar? ¡Cataluña siempre ha pertenecido a España!” Preguntado por si estaría de acuerdo en un referéndum pactado con el Estado, responde: “¡No, nunca! Tu no puedes dejar una decisión tan importante en manos de gente que no tiene ni idea. Votan con el corazón y por sentimientos que son manipulados por la prensa. ¡Todo esta gente no tendría que poder votar!” Le pregunto por el referéndum en Escocia y sobre el Brexit y se viene arriba, cada vez más enfadado: “El gobierno británico accedió a un referéndum en Escocia porque sabía que haciendo campaña en contra, ganaría el ‘no’. E hizo un referéndum sobre salir de la Unión Europea porque pensaban que saldría que no… Lo que pasa es que votaron muchos viejos y gente estúpida. Muchos votaron salir de la UE por miedo a la inmigración. Racistas y estúpidos. No deberían poder votar esta gente… Y aquí en Cataluña esto solo traerá crisis y caos… Ojalá detengan a Puigdemont y se acabe todo”.

Un hombre se hace un ‘selfi’ durante la comparecencia en el Parlament de Catalunya del Presidente catalán Carles Puigdemont.

El momento llegó. Carles Puigdemont, después de pedir una hora más de tiempo, llegó al hemiciclo y pronunció su discurso. Después de hacer duras críticas a la actuación del Gobierno el día del Referéndum y de hacer una cronología de la relación entre Govern y Gobierno durante los últimos años, Puigdemont dijo: “Llegados a este momento histórico, y como Presidente de la Generalitat, asumo en presentarles los resultados del referéndum delante del Parlament y de nuestros conciudadanos, el mandato de que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república”. En ese momento la euforia se desató en el Paseo Lluís Companys: gritos de felicidad, abrazos, lloros, manos a la cabeza…

Partidarios a la independencia de Cataluña celebran las declaraciones del Presidente de Cataluña Carles Puigdemont pensando que ha delcarado la independencia…

Sin embargo, la alegría duró poco, pues después de los aplausos, Puigdemont matizó: “…el Govern y yo mismo proponemos que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las siguientes semanas emprendamos un dialogo…”. En eso momento empezaron a aparecer las caras de incredulidad, decepción, tristeza…

Partidario de la independencia escucha el discurso del Presidente de Cataluña Carles Puidgemont en el cual no declara (claramente) la independencia.

Muchos de las personas que habían acudido esperando ver un momento solemne e histórico, se sintieron decepcionadas, y pocos minutos después de terminar su discurso, e incluso antes, se estaban marchando ya a casa. Me dispongo a hablar con los que aún permanecen allí escuchando los parlamentarios de los diferentes partidos. “Lo que ha dicho era previsible”, dice Quim, de 65 años. “Ha preferido hacer las cosas consolidadas, para que no hayan más grietas… Yo hubiera preferido que fuera un poco más agresivo, pero creo que ha hecho bien”. Me acerco a otro hombre, y le pido si puedo hacerle unas preguntas. “¿Y quién eres tú? Para quién trabajas? No quiero decirte nada porque no tengo nada que me aseguro que lo que finalmente se publique sea fidedigno”. Ya marchándome, me detiene: “Solo te diré una cosa: La democracia en España esta enferma… por decirlo suavemente”. Alex, un joven de 22 años de Tortosa, recepcionista de hotel, opina que: “Se ha posicionado (Puigdemont), ha indicado el camino, pero ha dejado la puerta abierta al dialogo. Dialogo siempre tiene que haber, y si ellos no quieren hablar, pues perfecto, ya está marcado el camino hacia la independencia”. Otra joven, Alexia, de 19 años, que estudia Educación Primaria en la Universidad, dice que “sí, esperaba más, pero también lo entiendo porque (Puigdemont) se juega su salud, ir a la cárcel… así que es respetable también esta llamada al diálogo”. “Es un poco lo que esperaba”, responde Roc, informático de 31 años, “ya que no me parecía sensato hacer así de golpe una ruptura tan fuerte, se tiene que ir poco a poco”. Àngels, de 60 años, que trabaja en el mundo del comercio, considera que “(Puigdemont) se encontraba en una situación muy difícil, así que ha dado unos días porque ha visto que las consecuencias (de declarar la independencia) hubieran sido negativas. Claro que hay gente desanimada que hubiera preferido que fuera más claro y directo, pero yo lo entiendo”.

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