Texto de P.R. Ortuño @pr_ortuno

Fotos y galería de Carla Oset @carlaoset 

Ayer fue condenado a cadena perpetua a Ratko Mladic, el que fuera general al mando del Ejército serbobosnio en la República de Serbia durante el conflicto en los Balcanes de finales del siglo pasado.

En el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, se le ha condenado por los crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos hace ya más de veinte años durante la Guerra de Bosnia, que duró de 1992 a 1995, especialmente por el sitio de Sarajevo, en el cual murieron más de 11.000 personas. También se le considera responsable de genocidio al ordenar el asesinato de alrededor de 8.000 musulmanes, niños incluidos, en Srebrenica. La sentencia indica que Mladic “compartía la intención” y “el objetivo criminal” de exterminar a los musulmanes durante la guerra.

La fotógrafa Carla Oset visitó Bosnia hace cuatro años, y descubrió la historia de un país que aún sufría las consecuencias de una guerra… A propósito de la sentencia a Ratko Mladic ha rescatado del cajón unos retratos que hizo en Sarajevo:

Pero… ¿Por qué sucedió todo esto?

Breve contexto histórico de Bosnia y los Balcanes:

La guerra que Serbia declaró en 1989 era una batalla contra el nacionalismo croata y también con aspiraciones territoriales sobre Bosnia, basada en la idea de una homogeneidad étnica del territorio. Fue un caso de una élite que se alimentó de los movimientos sociales creando un gobierno duro y fundamentalista en el sentido étnico y movilizó el sentimiento nacionalista con un propósito político de Estado. Apelando a lealtades étnicas y a la historia interesadamente explicada de la Gran Serbia y sus reivindicaciones nacionalistas del siglo anterior, y recordando las afrentas sucedidos con el nazismo por parte croata, el Presidente de Serbia, Slobodan Milosevic, consiguió que buena parte de los serbios de Bosnia apoyaran su política de limpieza étnica, e incluso, que muchos ciudadanos corrientes se involucraran en las atrocidades.

Bosnia Herzegovina no había podido, como se pretendía, construirse sobre la base de un territorio, una nación –como sí pasó con Serbia o Croacia–, ya que era la república más heterogénea y además con la “peculiaridad –o anomalía– musulmana”. Bosnia había pertenecido a Serbia en el siglo X, luego a Croacia y después al Imperio Bizantino. Fue dominada por los húngaros en el siglo XII, y pasó después a pertenecer al imperio Otomano. En 1908 fue anexionada al imperio Austrohúngaro, pero en 1918, con el inicio de la Primera Guerra Mundial, pasó de nuevo a formar parte del Reino de los Serbio, Croatas y Eslovenos, y ya en 1946 se constituyó una de las repúblicas de Yugoslavia. La diversidad de la población y la historia de movilidad de la misma dificultó la posibilidad del modelo un pueblo, una cultura, un estado.

Muchos eslavos se convirtieron al Islam durante el periodo otomano, aunque evidentemente siguieron compartiendo tradiciones culturales y lingüísticas con los otros eslavos que no lo hicieron. A finales del siglo XIX, en algunas zonas de Serbia y Croacia se empezó a mostrar rechazo a la dominación otomana, reclamándose cultural y políticamente próximos a “Europa”, y estableciéndose la condición de foráneo a lo islámico y también a los musulmanes, que se les privó de identidad nacional europea. Croatas y serbios empezaron sus reivindicaciones étnicas frente a lo musulmán, que no era considerado étnico sino “simplemente” una religión, sin considerar el carácter identitario que esta pueda ofrecer. En 1876, al declarar Serbia y Montenegro la guerra al Imperio Otomano, Bosnia se encontró en medio de la construcción de la Gran Serbia a un lado, y de los otomanos en el otro.

Ya como república yugoslava, se podría decir que los musulmanes en Bosnia quedaron atrapados en medio de los nacionalismos croata y serbio, no pudiendo elegir entre más afiliaciones que estas dos. El hecho de “carecer” de identidad étnica, hizo que los musulmanes, especialmente en Bosnia, quedaran expuestos a las avaricias étnico-nacionalistas de Croacia y especialmente de Serbia. La indiferencia europea y de los Balcanes y la apatía de otros países islámicos, concentrados en asuntos más provechosos económica y políticamente hicieron posible las limpiezas étnicas que sucedieron en Bosnia.

Hoy ha sido condenado Mladic, el brazo ejecutor de muchas de esas matanzas, pero no debemos olvidar lo que pasó en Bosnia, lo que ocurrió en Sarajevo, lo que significó Srebrenica y lo que simboliza hoy. No olvidemos esta tragedia. Esta guerra promovida por las élites para fines políticos, que fomentaron el etnonacionalismo homogeneizador, y que alimentaron el odio a lo diferente para llevarla a cabo.

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