Por P.R. Ortuño @pr_ortuno

En los casos de violación, acoso o violencia de género, lo que se visibiliza es el resultado final, lo que se juzga es la agresión en sí, pero los procesos estructurales que han llevado a tales actos quedan invisibilizados. La agresión, en estos casos, es sólo un instrumento para conseguir un fin, que no es otro que la dominación, como diría Bourdieu. El acto en sí, sin embargo, es como la punta del diente que sale visible a través de la encía, pero su raíz es algo que llega mucho más profundo.

Y tan profundo es que la ideología machista impregna la mayoría de las estructuras del estado, la educación, la justicia, la iglesia, el ejército, la televisión etc., es tan natural o, mejor dicho, “naturalizada”, que puede que muchos de nosotros no nos demos cuenta. El juicio que ha empezado esta semana por la supuesta violación –intento cumplir aquí con la presunción de inocencia– de una chica en Pamplona por cinco hombres conocidos como “la manada”, son un reflejo evidente del machismo de nuestra sociedad.

Para rastrear un poco de ideología machista que nos rodea, basta con saber que uno de los acusados contrató a un investigador privado para que siguiera a la supuesta víctima las semanas posteriores a los hechos, informe que fue aceptado por el juez. ¿El objetivo? Intentar demostrar que la chica seguía haciendo vida normal: seguía saliendo con amigos, yendo al cine, colgando cosas en las redes sociales y cosas por el estilo. La intención es evidente: intentar demostrar que para la chica lo sucedido no fe un trauma y que ha podido seguir con su vida con aparente normalidad. El objetivo es intentar cambiar la atención del juicio: que no se les juzgue a ellos, sino a ella. Culpabilizar a la víctima.

Si aparecieran en este informe imágenes de ella las semanas posteriores saliendo de fiesta, bebiendo, bailando, quizá con minifalda, por poner un ejemplo claro y visual, daría razón a los demandados de que lo sucedido no solo fue un trauma para ella, sino que, de alguna manera, sería su culpa, se lo tenía buscado, e incluso, que seguramente, disfrutó de todo aquello. Intentar culpabilizar a la víctima es tener en consideración para el juicio la actitud de alguien que ha sufrido una violación, la forma en cómo iba vestida, lo que hizo antes y después, como si todo esto importara. Pero parece que para el juez sí importa. Porque parece que si te muestras borracha, amigable, incluso sensual o receptiva entre un grupo de chicos, tienes menos legitimidad de, posteriormente, en el momento en que te dé la gana, decir que no. Pararlo. No querer seguir. I no sólo menos legitimidad, sino, y lo que es mas importante en el juicio: menos credibilidad.

Esta ideología machista está tan arraigada que aparece en comentarios tan naturalizados entre nosotros como: “¿Qué hacías sola a esas horas borracha?” “¿Qué hacía con un grupo de chicos?” “No debería haberse metido en la boca del lobo” y cosas por el estilo. Comentarios así y similares se pueden ver en las redes sociales o se escuchan en conversaciones en el trabajo o en el bar. Y no sólo por ‘maleantes machistas’ sino también por gente “normal”. Tanto por hombres como por mujeres. Y muchos de los cuales, seguramente, no se consideran machistas. Pero sí lo son. Sí lo somos. Y seguimos reproduciendo socialmente esta ideología machista.

El hecho de juzgar a la víctima trae además, otra consecuencia: Que la propia víctima entre en el juego de la victimización. Como no sólo tienes que ser víctima sino que también parecerlo, puede surgir la necesitad de hacer patente en todo momento su condición de víctima, especialmente después del suceso y durante el juicio: Dejar de salir o tener menos vida social. Presentarte en el juicio como una chica tímida, traumatizada, deprimida, etc., y no como lo quizá eres: una mujer social y extrovertida. No vestir de forma provocadora. ¿Serías entonces más merecedora de ser violada? o ¿sería más probable que hubiera sido consentido en ese caso? La respuesta debería ser que no, porque ¿es que acaso hay que ser de una forma concreta para poder ser violada, acosada o agredida?

Entonces, y por desgracia, caer en este proceso de victimización ayuda precisamente a reforzar y reproducir los estereotipos de género: el sexo débil, la mujer cómo víctima, etc., y de esta forma se pierde lo que debería ser algo de carácter puramente reivindicativo como es pedir justicia.

Por eso aplaudo la decisión de la chica y de cualquier otra persona que haya sufrido algún tipo de agresiones o acosos de seguir haciendo su vida. De salir si le viene en gana, de ir a cenar, al cine… ¡Faltaría más! Como si no fuera suficiente haber sufrido un trauma de este tipo como para encima no poder intentar rehacer tu vida o seguirla con normalidad.

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