Texto y fotos de P.R. Ortuño.
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A pesar de la resaca –electoral– voy a intentar sintetizar los resultados de las Elecciones de ayer en Cataluña:

  • Con sus líderes descabezados –Santamaría dixit– el independentismo gana votos: de casi dos millones en 2015 a poco más de dos ayer –1.966.508 / 2.063.361–. La represión, judicialización y política del anti-diálogo, el “¡aquí mando yo!” del PP no parecen haber intimidado demasiado el electorado independentista, que también consigue casi 20.000 votos más de los que obtuvo el “Sí” del pasado referéndum del 1 de octubre.
  • La mayoría silenciosa o no era tan mayoría o no era tan silenciosa: A pesar del record de participación, con un 81,94% del censo, los bloques independentista y 155 quedan prácticamente igual: el 47,6% de JxCat, ERC y CUP contra el 43,5% de C’s, PSC y PP.
  • Aunque Ciutadans concentra el voto contrario a la independencia, no debemos pensar que la mayoría de su electorado es de derechas. Las provincias históricamente socialistas, como el área metropolitana y alrededores, son ahora de color naranja. Ha habido una especie de ‘voto útil’ contrario a la independencia, tanto por convicción –el nacionalista español– como por miedo –yo no quiero líos–, focalizado en Ciutadans, que ha sido visto como el caballo ganador por esta parte del electorado.
  • Los resultados de Comuns y Ciutadans evidencian la polarización de estas elecciones –y las pasadas– entre independentistas y no independentistas. Los primeros se presentaban como la “bisagra” entre unos y otros, y C’s como el partido del voto útil contra el independentismo. Sin embargo, no perdemos de vista la imagen en general: Ya en las autonómicas de 2015 Arrimadas obtuvo 736.364 votos y 25 escaños, desinflándose en las generales del año siguiente consiguiendo solo 378.445. Lo mismo pasó con Comuns/Podemos que, pese los solo 367.613 y 10 escaños de Rabell con ‘Catalunya Sí que es Pot’ en 2015, en las generales de 2016 ‘En Comú Podem’ fue el partido más votado en Catalunya con 848.526. Moraleja: En las autonómicas catalanas, cuanto menos claridad a favor o en contra de la independencia, menos votos. Sin embargo, esto no se traslada necesariamente al ámbito estatal. Probablemente, muchos de los ayer votantes de C’s ayer volverán a votar PSOE o PP, igual que muchos independentistas de izquierda, volverían a votar a Podemos en unas futuras elecciones generales.

Un hombre votando en el pasado Referéndum del 1 de octubre en Barcelona.

  • La Cup pierde votos por dos motivos: Primero, por la empatía del votante independentista hacia los partidos que han visto sus parlamentarios encarcelados o exiliados. Segundo, por la “amenaza” de no apoyar al futuro ‘Govern’ independentista si optaba por alguna vía que no fuera la unilateral. Lo que significa que, ilusos o no, muchos votantes independentistas siguen teniendo alguna esperanza de negociación o intermediación que desatasque la situación. El caso es que con estos resultados, los antiguos socios de ‘Junts pel Sí’, ERC y ‘Junts per Catalunya’ aumentan sus diputados de 62 a 66, y necesitan menos el apoyo de la CUP: Con una abstención en segunda vuelta de los anticapitalistas Puigdemont –o quien decidan– puede ser ‘President’.
  • A pesar de que Inés Arrimadas se quejara ayer de la ley electoral catalana –que es la misma que en las generales españolas, por cierto– ya que facilita escaños en provincias menos pobladas, la actual formula le ha dado 2 escaños más: obtiene 37 en vez de 35. Más se podrían quejar el PP, la CUP, PSC y Comuns, que obtendrían dos escaños más cada uno. Sí es verdad, sin embargo, que con un recuento electoral sin la ley de Hondt, los partidos independentistas no hubieran obtenido mayoría absoluta en el Parlament: de 70 pasarían a 66 escaños –les faltarían 2 para la mayoría absoluta–.
  • Se puede hacer mejor campaña desde Bruselas, que desde la cárcel. A pesar de las acusaciones a Puigemont por haber huido a Bruselas –curiosamente, por parte de los que con más gusto le verían encarcelado– su táctica, desde el punto de vista pragmático y electoral, ha sido la que más réditos ha conseguido: Ha seguido llamando la atención del ‘procès’ desde la capital de Europa –con manifestación multitudinaria incluida– y ha sido capaz, aunque sea a través del plasma, de realizar mítines y entrevistas. Mientras su discurso era escuchado, el de ERC se diluía por el poco carisma de Marta Rovira o Carles Mundó.

Imagen de la manifestación independentista en Bruselas del pasado 7 de Diciembre.

En definitiva: Dos millones de catalanes quieren separarse del Estado Español, otros dos no –o no lo ven claro–. En todo caso, con unas mayorías así, tanto la independencia por un lado, como seguir igual por el otro, deja o dejaría a la mitad de la población descontenta. Cataluña ya ha hablado. Ahora le toca al Gobierno.

 

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