Texto e ilustraciones de Montorix

El otro día en la universidad hicimos un debate sobre la prostitución voluntaria, es decir, la prostitución en que la mujer decide deliberadamente que va a ejercer ese trabajo. Des de la posición abolicionista se cuestiona si esta decisión es un acto libre, ya que se plantea como una decisión impulsada por un conjunto de necesidades de subsistencia en un sistema capitalista donde reina la desigualdad.

Las prostitutas no desean ser prostitutas

Durante el debate, una chica dijo que sólo un 3% de las prostitutas no querían otro trabajo que ese. No sé de dónde sacó este porcentaje, la cuestión es que lo usó como argumento abolicionista. A mí me pareció un argumento muy poco desarrollado pues: ¿cuál es el porcentaje de personas que prefieren su trabajo concreto en general? ¿Por qué no nos planteamos la misma pregunta en el resto de profesiones? Estuve preguntando acerca de esto a mis amistades y por supuesto la respuesta a tal pregunta no era sencilla: entraban en juego las condiciones laborales como el sueldo, el horario, el tipo de contrato e incluso las tareas que realizaban en su puesto. Las personas que tenían trabajos que no les gustaban, ¿por qué seguían trabajando? Pues por necesidad y por decisión propia hasta un cierto punto, tal como las prostitutas.

¿Por qué entonces no nos planteamos abolir todos los trabajos donde el porcentaje de personas que no quieran otro trabajo sea igual o inferior al 3%? Yo nunca he oído esta propuesta, en todo caso he escuchado como se reivindicaban unas mejores condiciones laborales que es lo que reclaman las trabajadoras sexuales al pedir una regulación que vele por sus derechos laborales.

Que las personas no se sientan cómodas con sus trabajos es en muchos casos consecuencia directa de sus sueldos. En la prostitución el sueldo suele ser bastante mejor que en otros trabajos y, entonces, se confunde su demanda de una situación mejor con su disgusto por mantener relaciones sexuales con los clientes: lo que la postura abolicionista entonces asocia a la violación. La asociación del sexo por dinero con la violación procede también de la confusión entre deseo y acuerdo -o consentimiento-. No obstante, el disgusto que pueden sentir las profesionales si se les pregunta por su situación -algo que suelen olvidar hacer las personas abolicionistas- no proviene de  mantener relaciones sexuales con los clientes, sino por el estigma que eso conlleva. Por el hecho de tener que estar ocultando su trabajo si no quieren que las señalen con el dedo, las critiquen y las marginen. Y aunque a veces no les apetezca trabajar, es decir, mantener relaciones sexuales (con la variedad de cosas que eso puede significar) no estamos hablando de violación ya que consienten y acuerdan con los clientes dichas relaciones. ¿A quién le apetece trabajar? Cuando trabajaba en una pizzería tampoco quería ir, siempre es mejor para mí poder quedarme en casa tranquilamente pero, claro, quiero el dinero y eso es lo que me impulsa a trabajar de una cosa o de otra, me obliga en cierta manera.  Tal como concluye José Luís Solana, profesor de Antropología Social de la Universidad de Jaén, en 2007 en su trabajo de investigación Movimientos migratorios, trabajadoras inmigrantes y empleo en la prostitución:

De la existencia de los condicionamientos referidos, algunas/os autoras/es, por lo común defensoras/es de políticas abolicionistas, infieren el carácter forzado del ejercicio de la prostitución. Además de ser víctimas de redes mafiosas, las mujeres «prostituidas» serían también víctimas de «las circunstancias». Si admitiésemos el razonamiento, deberíamos en justicia victimizar también, por ejemplo, a trabajadoras/es, tanto inmigrantes como autóctonos, «forzados» por sus circunstancias a desempeñar tareas, muy duras y peligrosas en algunos casos, que detestan (¿Y deberíamos, consiguientemente, en buena lógica abolicionista, abolir esas infames tareas?). Tendríamos, en definitiva, que concluir la no-libertad y el estatuto de víctima para un importante número de trabajadores y trabajadoras del mundo.

Es por eso que sólo entiendo este argumento abolicionista de la prostitución si también lo es con todos los trabajos asalariados del sistema capitalista.

Las prostitutas están expuestas a peligros en su trabajo

Después de éste debate en la universidad, estuve hablando con una compañera y me dijo que creía que se sentía identificada con la postura abolicionista porque las trabajadoras sexuales están más expuestas a agresiones por su trabajo. Este planteamiento de buenas a primeras es bienintencionado pues al menos no les quieren daño. Pero bien acertado en este caso es el refrán que dice “De buenas intenciones está hecho el camino al infierno”. Como ya comentaba en el contraargumento anterior, las personas abolicionistas suelen olvidar preguntar a las trabajadoras sexuales y entonces construyen su discurso en base a prejuicios infundados y falta de información.

En primer lugar, quiero situarme como persona que ha tenido contacto directo y amistades cercanas con trabajadoras sexuales debido a mi relación con el feminismo y mi interés por los temas de género y sexualidad, des de aquí puedo afirmar que todas ellas nunca han sufrido ninguna agresión ejerciendo la. En cambio, fuera del trabajo sí que han sido maltratadas, acosadas o incluso violadas. “Durante 26 años ejerciendo la prostitución, jamás he sido agredida por ningún cliente, pero acabo de vivir una violación por parte de un amante. El amor romántico, ese estado de imbecilidad asociado al enamoramiento, me ha puesto en mayor riesgo que ofreciendo sexo de pago”, afirma contundente Montse Neira en Píkara Magazine.

Confieso que yo me he movido con prostitutas de ambientes de prostitución en pisos y que seguramente es un entorno más seguro que, por ejemplo, la calle -o al menos eso creo-. Otro asunto recurrente por parte de las abolicionistas es la exposición a las enfermedades de transmisión sexual pero, como decía antes, hay muchos trabajos donde el peligro al que se está expuesta es mucho mayor y lo que se plantea, como mucho, es mejorar las condiciones de seguridad, pero en absoluto abolir dichos trabajos.

 Cuando trabajaba en la pizzería, por ejemplo, trabajaba con un horno gigante a alta temperatura y más de una vez me quemé debido al estrés y al colapso de pizzas y trabajadores. En la universidad un profesor nos dijo que el 4% de los cánceres se deben a la exposición a cancerígenos en el medio laboral. También trabajé en una industria de plásticos donde se fundían polímeros con partículas colorantes y otros compuestos constantemente. Olía fatal y nadie usaba mascarilla. Estoy segura que a la larga todos esos vapores eran altamente nocivos para los trabajadores que, por cierto, aparentaban unos 45 años, aunque luego me enteré que la mayoría tenían alrededor de unos 30. La verdad que estaban muy envejecidos. Son peligrosas también las profesiones de paleta, donde pueden caer de alturas; la profesión de veterinario, donde pueden estar en contacto con animales agresivos y con enfermedades infecciosas. Lo mismo en otros empleos relacionados con la sanidad, como la profesión de basurero, que está en contacto con sustancias contaminadas constantemente.

Las profesiones de atención sociosanitaria con personas ancianas o con discapacidad intelectual, que a veces reciben maltratos físicos y psicológicos por parte de los usuarios, y podría seguir. De hecho, según las noticias de RTVEEn 2015, fallecieron 608 empleados en 1.200.000 siniestros laborales”. Así que, si no se contempla la abolición de estos trabajos por el motivo del riesgo sino que simplemente se fomentan -en algunos casos- las medidas de seguridad y se confía en la capacidad de les trabajadores para seguirlas, ¿por qué no se hace lo mismo con la prostitución? La educación en salud sexual y la distribución de preservativos son medidas que me parecen mucho más acertadas que la abolición de la prostitución y además son necesarias no sólo en ese trabajo sino para toda la población en general, especialmente adolescentes.

Tampoco he oído a nadie plantearse abolir el matrimonio y las relaciones de pareja monógamas y heterosexuales por el peligro a que se dé una situación de violencia de género, y eso que las cifras de mujeres asesinadas a manos de sus maridos son bien altas.

Las prostitutas perpetúan el rol de mujer-objeto en la sociedad patriarcal

Cuando las abolicionistas usan este argumento se refieren al concepto de objeto sinónimo de cosa, según la Real Academia Española: “En contraposición a persona o sujeto, objeto de las relaciones jurídicas. En el régimen de esclavitud el esclavo era una cosa.Las personas abolicionistas se piensan que los clientes de las trabajadoras sexuales no contemplan que ellas sean sujetos capaces de decidir pero están muy equivocadas. Sí que hay muchos hombres que cosifican a la mujer pero eso en cualquier ámbito mucho más allá de la prostitución y eso es debido al machismo imperante. Al ejercer la prostitución las trabajadoras sexuales ponen unos límites sobre los servicios que ofrecen y los que no, con la cual cosa están haciendo uso de su capacidad de decidir y de su voluntad, por lo que están actuando como  sujeto de la acción y no como mera cosa.

El discurso abolicionista es lo que las deja sin agencia considerándolas solo como el sexo débil, victimizándolas a partir de prejuicios y sin tener en cuenta su opinión. Los hombres no las usan como quieren ellos sino que en todo caso como permiten ellas mientras ellas también usan al hombre y su sexualidad para sacar un beneficio económico.

Es el mismo tipo de relación que se establece en un trato comercial entre, por ejemplo, una peluquera y una señora que quiere un peinado o una persona que tiene hambre y el servicio que ofrece un restaurante. Son relaciones motivadas por un interés mutuo pero, igual que no tiene sentido ir a un restaurante japonés a pedir un rissotto italiano, pues lo mismo pasa con el trabajo sexual, el cliente busca la oferta que se adecúa con sus necesidades y, en general, no se da nada por supuesto. El otro día hablaba con una amiga que es trabajadora sexual y me dijo “en el sexo que he tenido con hombres gratis nunca me han preguntado si me apetecían según que prácticas en cambio trabajando la mayoría de hombres me preguntan antes de hacer cualquier cosa”.

Creo que si hablamos de las relaciones de cosificación en el trabajo podemos nombrar casos en los que ésta es mucho más evidente. He conocido a personas que han trabajado en fábricas donde no se les permitía ir al baño durante la jornada laboral, pues claro, eran una pieza de la cadena de producción y obviamente los jefes priorizaban esa condición que la de persona con unas necesidades fisiológicas y psicológicas. Los departamentos de recursos humanos ven a los trabajadores precisamente como recursos para obtener beneficio y cuando las personas no son óptimas para el desarrollo adecuado de tal beneficio dejan de formar parte de la empresa. Esto es así y lo sabemos todos. E incluso puede parecer lógico, en cuanto la finalidad de toda empresa es el ánimo de lucro. Sin embargo, no se plantea abolirlas ya que ofrecen sueldos a los trabajadores y a estos, siguiendo el paradigma neoliberalista, se les considera “libres” de aceptar o no aceptar dichos trabajos, cuando realmente también son empujados por unas circunstancias, como comentaba en la primera parte.

Al nivel del rol de la mujer también son muchos los trabajos que coinciden con lo que se le ha asociado históricamente, cuando aún ni siquiera se la consideraba persona. Sólo hay que ver la proporción de mujeres respecto a hombres en los trabajos relacionados con los cuidados y con la limpieza pero no por ello a las trabajadoras se las considera culpables de algo que, simplemente, ya estaba allí y que, en mi opinión, el empezar a considerarlo  como algo que debe ser remunerado (aunque en muchos casos sigue sin serlo) es un avance en la lucha feminista.

La invisibilización de la diversidad de cuerpos y la imagen que se da en los medios de comunicación sobre la mujer es mucho más responsable de la reproducción de unos estereotipos y  de un imaginario social que considera a la mujer como un ser-para-el-hombre, limitada sólo a un cierto tipo de prácticas mucho más allá de su deseo y voluntad.

 

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